SOCIALES
Los discursos y la marcha
Fue bajo esa consigna que tomaron diversas calles y plazas: Nuevo León, Morelos, Veracruz, Guerrero, Durango, Hidalgo, Yucatán, Nayarit, Tamaulipas, Aguascalientes, Campeche, Sonora, Zacatecas, Michoacán, Tabasco, Querétaro, Guanajuato y la Ciudad de México, con diversos conglomerados, pero convencidos que había que salir y mostrar su desacuerdo.
Y es que es el desacuerdo, la pluralidad y el respeto a la diferencia lo que constituye los núcleos duros de la democracia. Una democracia que se piensa y existe desde la pluralidad, desde los muchos que tienen proyectos distintos y que se piensan y existen de forma diversa, nada más peligroso que la evocación al relato único, al pueblo y al todos único y en teoría universal.
Desde ayer las descalificaciones no han parado, por uno y otro de los polos. Y en medio, la nada, el vacío. Donde debiera existir el diálogo, desde las autoridades y la ciudadanía, sólo existen los vituperios y el no reconocimiento hacia la legitimidad del otro.
Los muchos que salieron a las calles le hablaban, al parecer a uno, al que detenta el poder en Palacio Nacional, al presidente de todos que, como pocos, ha aguantado los embates desde el poder, pero ahora que ocupa ese lugar, no ha abonado para establecer el tejido social que tanta falta nos hace. Los otros, los grupos que ahora se erigen como oposición tampoco construyen. Ambos tensionan la cuerda.
El discurso tirante de ambos extremos hace cada vez añorar por vasos comunicantes, posibilidades de concordia, lazos que permitan reestructurar aquello que, en momentos, se lee imposible, aunque todos formamos parte de la misma comunidad, el mismo Estado.
La interlocución de ambos actores, de ambos bandos, como si de una lucha se tratara, se convierte en zona de conflicto que replica en todos los ámbitos: laboral, académico, familiar.
https://www.mexicosocial.org/los-discursos-y-la-marcha/
Lo que se juega es el juego democrático
Según lo planteado en sus Investigaciones filosóficas, es posible entender al lenguaje como un conjunto de reglas desde las cuales construimos al mundo, entendiendo que el mundo propiamente dicho es todo lo que cabe en el lenguaje. Así, lo que nombramos y podemos nombrar es lo que permite constituir nuestra realidad y la posibilidad de entendernos con las y los demás.
Pensar desde esta perspectiva ayuda a comprender qué es lo que ocurre hoy con la democracia mexicana y plantear apropiadamente las preguntas en torno a cómo vamos a salir, si es que es posible hacerlo, de la imposibilidad autoimpuesta de los grupos en disputa, de dialogar y generar acuerdos y consensos mínimos.
Esta perspectiva permite poner en contexto lo que se juega a partir de la marcha en contra de la reforma político-electoral que ha planteado el Ejecutivo Federal y cuyo principal tema es la transformación radical del Instituto Nacional Electoral, así como la integración del Congreso de la Unión.
Al respecto, lo primero que debe destacarse es que la marcha en sí misma ya es un éxito ciudadano, pues que salgan a la calle decenas de miles de personas a protestar en paz, debe ser considerado siempre un éxito de la vida democrático. En este caso, la defensa del INE ha sido el gran catalizador, pero también el vehículo para expresar la inconformidad, no sólo con una iniciativa de reforma, sino también con un estilo de gobernar agresivo y verbalmente violento.
En ese sentido, es importante decir que en esta marcha se expresan también, de algún modo, aquellos que no pueden salir a manifestar su descontento, ya sea por razones económicas o, sobre todo por inseguridad, sobre todo en regiones donde la amenaza del crimen organizado es real y se ejerce ya directamente contra la ciudadanía.
Se ha planteado que la protesta en contra de la iniciativa presidencial contra el INE es independiente de los partidos políticos. Y por ello el reto de la ciudadanía en los meses por venir, es exigir a los partidos que rompan con el monopolio cupular de las candidaturas; y que sean capaces de convocar a liderazgos sociales, creíbles y con solvencia moral y capacidad de diálogo suficiente para construir los consensos y acuerdos que se requieren para llevar al país a un nuevo curso de desarrollo.
Lo que sí sería un error a partir de la marcha a favor del INE, es que la ciudadanía se retraiga y no confronte al sistema de partidos en su conjunto; porque ni es conveniente una lógica de partico hegemónico, pero tampoco un sistema de partidos anodinos, que por un lado se mantienen como representantes de intereses inconfesables; y que por el otro carecen de toda representatividad legítima de los ciudadanos.
No puede haber democracia, ni representativa ni directa, cuando la mayoría de la población lucha por la supervivencia diaria. No pueden consolidarse juegos del lenguaje abiertos y auténticamente consensuales cuando la violencia circula a diario por las calles, incluida por supuesto la violencia verbal de los políticos.
¿Quién o quiénes tendrán la capacidad de generar una convocatoria amplia, diversa, para detonar una nueva narrativa y un nuevo uso constructivo de las palabras? El filósofo Eduardo Nicol escribió: “hablar es buscarse a sí mismo en el otro… la palabra humana es la verdadera armonía de las esferas”.
Entendernos en el lenguaje para construir una nueva democracia es urgente; y por ello es imperativo que todas y todos comprendamos que, lo que está en juego, es nada menos que el juego democrático.
https://www.mexicosocial.org/el-juego-democratico/
Reportero: Gael Pérez Cruz


Comentarios
Publicar un comentario